Nace el llano en las
estribaciones orientales de la cordillera de los Andes, en Colombia; se
extiende a Venezuela; pasa al Brasil; y culmina en el Paraguay, la Argentina y
el Uruguay, con el nombre de Pampa.
Fuera de él, situándose
en un punto muy alto de la gran cordillera, como por ejemplo, en la sierra
nevada de Chita, nuestra vista se dilata por los llanos, deslumbrándose de la
inmensidad de esa superficie plana, que parece sin límites, y que semeja un mar
situándose dentro de él, es un plano a donde a cualquier lado que se dirija la
mirada, se halla el horizonte. También entonces es como un mar: un mar de
tierra verde, en que se perciben simultáneamente la salida del sol y el
ocultamiento de la luna; este suceso natural es la portada o inicio de una serie
de fenómenos que se nos presentan como un caleidoscopio inmenso, como la tierra
de los espejismos:
A los vergeles siguen
las florestas, las praderas, las sábanas, las llanuras, los caños, los ríos,
los esteros, las lagunas y la selva misma o el océano y mientras más se penetra
en él, mayor es su grandeza y hermosura: díganlo si no es porción de tierra,
rodeada de llano por todas partes que es la serranía de la Macarena, fenómeno
geológico único en el mundo, que un historiador llamó “el fósil vivo de la edad
terciaria”; los numerosos lagos, la Piedra del Cocuy, en nuestros límites con
Brasil; si que también sus morichales y los numerosos y larguísimos ríos, que
se van agigantando a medida que avanzan hacia el mar, tranquilos, casi sin
movimiento, en ocasiones, veloces, llenos de raudales y cascadas en otras; las
garzas, las corocoras, los loros, las guacamayas y la infinita variedad de aves
que dan sonido y color al espacio
infinito; y la nunca bien ponderada maravilla del nacimiento del sol en la
llanura, en que el astro rey se levanta en el horizonte como una inmensa bola,
de un rojo encendido, que da tumbos, demostrando así que hasta la mecánica celeste tiene leyes distintas en el llano; díganlo
también las soledades infinitas de un lugar en donde, al decir de Carranza, su
poeta nativo, “el pueblo más cercano es un lucero” y el silencio que permite
captar la voz de Dios en las aves, los insectos, los reptiles, y aún en las
plantas: esta es la razón por la cual el llano asusta, pero no con el frío de
la muerte, sino con el fuego de la vida; por eso en el llano el espíritu se siente
anonadado ante el infinito y comprende cómo es de cierto el salmo cuando dice
que tan solo somos una brizna de paja en las manos de Dios: por eso quien una
vez está en contacto con él, deja allá su corazón; se hace místico y comprende
qué cerca se está de Dios ante un cielo azul y un paisaje infinito.
En el llano se siente
un amor reverencial que nos conduce a Dios; allá intuímos que el mundo está
penetrado por Dios, investido por Dios, lleno de Dios; que este Dios está en
nosotros y nosotros en Él.
“Yahvé está en su santo
Templo ¡Silencio ante la tierra entera!”.
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