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lunes, 25 de junio de 2012

Capítulo 16. El embrujo del llano


Nace el llano en las estribaciones orientales de la cordillera de los Andes, en Colombia; se extiende a Venezuela; pasa al Brasil; y culmina en el Paraguay, la Argentina y el Uruguay, con el nombre de Pampa.
Fuera de él, situándose en un punto muy alto de la gran cordillera, como por ejemplo, en la sierra nevada de Chita, nuestra vista se dilata por los llanos, deslumbrándose de la inmensidad de esa superficie plana, que parece sin límites, y que semeja un mar situándose dentro de él, es un plano a donde a cualquier lado que se dirija la mirada, se halla el horizonte. También entonces es como un mar: un mar de tierra verde, en que se perciben simultáneamente la salida del sol y el ocultamiento de la luna; este suceso natural es la portada o inicio de una serie de fenómenos que se nos presentan como un caleidoscopio inmenso, como la tierra de los espejismos:
A los vergeles siguen las florestas, las praderas, las sábanas, las llanuras, los caños, los ríos, los esteros, las lagunas y la selva misma o el océano y mientras más se penetra en él, mayor es su grandeza y hermosura: díganlo si no es porción de tierra, rodeada de llano por todas partes que es la serranía de la Macarena, fenómeno geológico único en el mundo, que un historiador llamó “el fósil vivo de la edad terciaria”; los numerosos lagos, la Piedra del Cocuy, en nuestros límites con Brasil; si que también sus morichales y los numerosos y larguísimos ríos, que se van agigantando a medida que avanzan hacia el mar, tranquilos, casi sin movimiento, en ocasiones, veloces, llenos de raudales y cascadas en otras; las garzas, las corocoras, los loros, las guacamayas y la infinita variedad de aves que dan sonido y color al  espacio infinito; y la nunca bien ponderada maravilla del nacimiento del sol en la llanura, en que el astro rey se levanta en el horizonte como una inmensa bola, de un rojo encendido, que da tumbos, demostrando así que hasta la mecánica celeste tiene leyes distintas en el llano; díganlo también las soledades infinitas de un lugar en donde, al decir de Carranza, su poeta nativo, “el pueblo más cercano es un lucero” y el silencio que permite captar la voz de Dios en las aves, los insectos, los reptiles, y aún en las plantas: esta es la razón por la cual el llano asusta, pero no con el frío de la muerte, sino con el fuego de la vida; por eso en el llano el espíritu se siente anonadado ante el infinito y comprende cómo es de cierto el salmo cuando dice que tan solo somos una brizna de paja en las manos de Dios: por eso quien una vez está en contacto con él, deja allá su corazón; se hace místico y comprende qué cerca se está de Dios ante un cielo azul y un paisaje infinito.
En el llano se siente un amor reverencial que nos conduce a Dios; allá intuímos que el mundo está penetrado por Dios, investido por Dios, lleno de Dios; que este Dios está en nosotros y nosotros en Él.
“Yahvé está en su santo Templo ¡Silencio ante la tierra entera!”.

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